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Tag Archives: Texto

Bajo las capas de la ciudad

está la madrugada. Dulce, tierna, recién empezada.

En mi piel y en tu lengua, la sal de todas aguas evaporadas,

las olas obscuras de sangres y médulas condensadas.

Estoy en tu humedad, en tu lluvia seca, apaciguada,

y entre todos rus rostros distintos,siempre la misma mirada.

Estoy aquí para saber a donde iba, para buscarme entre mi necesidad agotada.

Quiero lo que de mi tienes, y celosamente guardas: El latido, la espera, la desesperanza.

Quiero de ti, lo que no tengo, lo que a toda luz regalas,

lo que tus manos decían cuando dulcemente callabas,

y la coincidencia sutil de tus pasos con mi espalda.

Como la muerte, la verdad y la vida caen del cielo a tu morada,

y a esta hora te pienso y te miro siempre, sin mirar nada.

La sangre es la que habla
cuando la ráfaga de ira
nos cose las palabras.
La sangre es la que amargamente atrae, y amarra,
es la que seduce al tiempo
y la que da a luz esperanzas.
La sangre del padre,
sobre el hijo derramada,
la de la madre, sobre la hija,
gitana y desencantada.
La de Dios sobre las frentes
de las mujeres abandonadas,
la del Diablo sobre las calles,
flotando entre madrugadas.
La sangre, voz, hilo perpetuo,
milagro de brujas preñadas,
cúmulo de luz rojiza
entre tanta penumbra innecesaria.
Sangre de mi sangre, eres, soy,
No somos nada.

Si fuera escritor, no escribiría.
Tendría un nombre dulce,
un apellido esdrújulo,
o sería delgado y alineado.
Si fuera escritor conocería
de memoria a mis colegas,
a mis maestros e influencias,
me codearía con los hombres
y las mujeres importantes.
Caminaría erguido,
sabría levantar una copa,
atendería eventos de índole,
o sería la imagen de la gaceta
del humilde estudiante.
Si fuera escritor sabría,
que no basta fumar
en lo obscuro, llorar internamente,
desangrarse silenciosamente,
andar sin piel, para que las cosas
penetren en uno.
Sabría también de métrica,
de sonetos, de versos,
y de cuartillas, y de esas reglas
que las casas magnas
dictan para escribir.
Por eso, nulo y escaso
de palabras y de ideas,
de sentido, de corazón,
y de fe, ando por el mundo,
divirtiéndome diciendo
estas tonterías.
Si fuera escritor,
este poema-que no es poema-
no hubiera quedado incompleto.

Escribo ahora.
Río de palabras,
juego de manos,
danza de sombras.
Escribo sobre un jardin
que me da sus rosas.
Canciones solas,
olas de humo,
llevo mis manos
a sostener el mundo.
Escribo con la lengua del perro,
del piso, del tiempo.
Escribo sin decir una sola cosa.
Escribo porque soy terco.
Ah! Cigarro de agua,
luna derretida en mi cama:
No se vayan nunca,
aquí no hacen falta.
-Dios sabe que miento,
por eso me dio un alma-
Andaré sediento,
porque hay agua en abundancia,
y ahora estoy entregado
a escribir, y a ser nada.
Simple vida, vieja y cansada,
toca el timbre entre tus piernas
y abre tu juventud amada.
Yo río porque soy un idiota,
y la sonrisa, nadie me la arrebata.
Yo vivo porque tengo tiempo
para no gastarlo en nada,
y moriré, en una hora,
o tal vez mañana,
como todas estas palabras.

Te quiero con las manos
y con esto que escribo ahora,
insulso, inútil, inocuo.
Te quiero para no quererte
en días, en horas que parezcan
fantasmas despiertos.
Te quiero alegóricamente,
pero sin cortejos.
Cuando las calles se llenen
y los curiosos saquen
sus ojos como lenguas,
nos verán entonces entregados
desconocidamente,
en sombras pasaderas.
Niégame el beso que me das
cuando no te das cuenta,
abre tu cuerpo a mi mano,
a mi boca, como lo haces
cuando despiertas.
Escóndete en mi,
para que todos te vean
y me dejes mentirles
con palabras ciertas.
Vamos a querernos toda la vida,
que para eso, aún nos queda

Guardémonos en el corazón ahora,
que la juventud nos bendice
y la necesidad nos alimenta.
Yo quiero hacerte el amor a todas horas,
besarte el cuerpo cada mañana,
yo quiero hablarte de lo tedioso del tiempo,
y quiero creer en ti, como en mi no creo.
Pero aún tú eres tuya, y tuya te quiero,
para que cuando seas mía,
seas como lo que no tengo.
Aún eres como esa hora vacía
que espero,
y aún caes en el fondo de algún verso.
Sabes que hablo de ti
en lenguas que no entiendo,
y sabes que pienso en ti
cuando no debo.
Sabes que me tienes,
que nos tenemos,
dispuestos e imprescindibles,
y solos y tercos.
Por eso, ahora, con la impaciencia de mi corazón, te digo: Esperemos.

Corazón de medianoche,
la enfermedad te preserva
y serás longevo como la piedra
más antigua sobre la tierra.
Fortuna tan inútil de tu espera.
Quiero decir que te vi como
si no te conociera,
como si de las últimas,
esta fuese por fin, la vez primera.
Quiero decir mil cosas de ti,
a quien no me las crea.
A mi mismo, de ti,
me creo imagen nueva,
que me vuelva el sueño
a los ojos, y a la espera,
para venderle a mi alma el Diablo,
para que Dios reze por mis penas,
y yo me sienta más tonto, y todo el mundo crezca.

De tus manos me quedan marcas
en todas las horas perpetuas
y en todos los cuerpos mi boca
dibuja tu silueta.

Hueco de mi costilla,
me dueles, me matas todos los días para verme nacer en mil letras.

Y me quedé en silencio.
Después de haber oído voces en mi cuarto,
y de escupir al Diablo en mil gritos tercos,
por fin ha caído la calma del mejor momento.
Callado, cierro mis ojos y fumo del aire
que se acumula en mis horas de encierro.
Callado mi corazón que a veces ha gritado
con la sangre como un conocido secreto.
Todo aquí quietamente se mueve y cambia,
y espero paciente el final del tiempo,
espero a que el amor crezca de los muros
y se riegue en los rostros que siempre veo.
Ciega y silenciosamente Dios me manda,
poco a poco, sonriendo, al infierno.
Henos aquí, a mi y a mi sombra apagada,
besándonos la marca del cuello,
hasta que la luna venga y nos tienda en la cama,
y nos amortaje con su tacto tierno.
Hoy voy a creer en todo lo que me digan,
aunque sé, que nada de eso es cierto.

Como tu boca, seca, casi muerta.
Dios te dio el cuerpo del deleite
para que te extrañara el tiempo,
para crecieras como una flor ebria
en las cuencas de mis ojos.
Has cambiado al amor:
Es más inútil, más preciso,
más necesario. Y no me doy
cuenta de las cuentas en el
rosario de tu espalda, cuando
me entrego suavemente al hambre
y a la necesidad de la soledad.
Comenzaste a dolerme cuando
más lo necesitaba, y como
una plegaria, le prendo fuego
al insomnio, para que las ánimas
bailen en círculos, vertiginosas.
Venga tu espíritu animal
a abrirme el pecho:
He perdido la fe.

La noche se cae a pedazos
tras de mi, en sus esquinas,
como cuentas de un rosario.
Y solo van mis pasos,
y los de los fantasmas borrachos
en la búsqueda del salvajismo,
libre, solo, humano,
por las calles de los perros,
los escaparates incendiados,
por esta tierra cansada y vieja,
que escupe humo, y esconde desamparados.
Si sigo despierto, seguiré caminando
hasta que mi mano se sujete a algo,
o hasta que me den las cuatro.
Dije: la noche se cae a pedazos,
y los ladrones corren,
como si a ellos les hubieran robado,
y yo siento que tengo piedras
en lugar de brazos,
y que arañas me recorren las venas
con diminutos y agobiantes pasos.
Yo siento que me voy, vuelo, y caigo.
Vacío, con el corazon colapsado
y el estómago volteado, ando.
Sólo, entre luces y risas, y niños ahogados,
me repito: Dios se fue, pero no me ha abandonado.
Padre que fue hijo, enterrado hace años,
quizás te encuentre aquí vagando
como yo, y nos vayamos a donde
solo tú y yo quepamos.