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Tag Archives: Poet

Esta es la hora en la

que todo se despedaza,

en la que la sangre se revuelve,

y se enciende, y se alza.

Esta es la hora en la 

que busco mi cara

entre otras tantas;

la misma hora del corazón hueco

y de las inútiles andanzas.

Pedazo de Luna, grano del agua,

yo quiero ir y yacer dentro de ti,

hasta que nazca.

Yo quiero ser gota del humo

y animal desde las entrañas.

Yo quiero ser todo lo que

no puedo ser, 

cuando la vida me alcanza.

Esta hora, esta niebla quieta y mansa,

baja y bebe toda luz y toda calma,

y las paredes, y mis ojos,

no son más que fantasmas.

Dios me marcó la frente

con la punta de su lanza

y me bautiza en fuego,

y me abate, y me descansa.

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La sangre es la que habla
cuando la ráfaga de ira
nos cose las palabras.
La sangre es la que amargamente atrae, y amarra,
es la que seduce al tiempo
y la que da a luz esperanzas.
La sangre del padre,
sobre el hijo derramada,
la de la madre, sobre la hija,
gitana y desencantada.
La de Dios sobre las frentes
de las mujeres abandonadas,
la del Diablo sobre las calles,
flotando entre madrugadas.
La sangre, voz, hilo perpetuo,
milagro de brujas preñadas,
cúmulo de luz rojiza
entre tanta penumbra innecesaria.
Sangre de mi sangre, eres, soy,
No somos nada.

Si fuera escritor, no escribiría.
Tendría un nombre dulce,
un apellido esdrújulo,
o sería delgado y alineado.
Si fuera escritor conocería
de memoria a mis colegas,
a mis maestros e influencias,
me codearía con los hombres
y las mujeres importantes.
Caminaría erguido,
sabría levantar una copa,
atendería eventos de índole,
o sería la imagen de la gaceta
del humilde estudiante.
Si fuera escritor sabría,
que no basta fumar
en lo obscuro, llorar internamente,
desangrarse silenciosamente,
andar sin piel, para que las cosas
penetren en uno.
Sabría también de métrica,
de sonetos, de versos,
y de cuartillas, y de esas reglas
que las casas magnas
dictan para escribir.
Por eso, nulo y escaso
de palabras y de ideas,
de sentido, de corazón,
y de fe, ando por el mundo,
divirtiéndome diciendo
estas tonterías.
Si fuera escritor,
este poema-que no es poema-
no hubiera quedado incompleto.

Te quiero con las manos
y con esto que escribo ahora,
insulso, inútil, inocuo.
Te quiero para no quererte
en días, en horas que parezcan
fantasmas despiertos.
Te quiero alegóricamente,
pero sin cortejos.
Cuando las calles se llenen
y los curiosos saquen
sus ojos como lenguas,
nos verán entonces entregados
desconocidamente,
en sombras pasaderas.
Niégame el beso que me das
cuando no te das cuenta,
abre tu cuerpo a mi mano,
a mi boca, como lo haces
cuando despiertas.
Escóndete en mi,
para que todos te vean
y me dejes mentirles
con palabras ciertas.
Vamos a querernos toda la vida,
que para eso, aún nos queda

Como tu boca, seca, casi muerta.
Dios te dio el cuerpo del deleite
para que te extrañara el tiempo,
para crecieras como una flor ebria
en las cuencas de mis ojos.
Has cambiado al amor:
Es más inútil, más preciso,
más necesario. Y no me doy
cuenta de las cuentas en el
rosario de tu espalda, cuando
me entrego suavemente al hambre
y a la necesidad de la soledad.
Comenzaste a dolerme cuando
más lo necesitaba, y como
una plegaria, le prendo fuego
al insomnio, para que las ánimas
bailen en círculos, vertiginosas.
Venga tu espíritu animal
a abrirme el pecho:
He perdido la fe.

En el aire del domingo
te lleve puesta en la sonrisa.
Hacia tiempo que no era tiempo,
hacian vidas que no eran vidas.

La gente mira al cielo,
a las aguas sin fuente
y yo llevo mi corazon
adornado para la procesion
de su silencio.
No te acabes, no empieces.
Esperame otra vez
perdida en el sitio,
en la pesadilla recurrente.

Ahora la noche me tiene
de tu voz a expensas.
Bendita la espera incierta!
Algo tienes, algo sabes.
Algo he de encontrarte
la proxima vez
que no te vea.

No verte ahora
es como verte de nuevo.
Tus ojos dispersos como hojas sin viento.
Y todo -nada- de lo que haga
es igual -peor- a lo que he hecho.

Y si pudiera partir en dos
o en más pedazos mi pecho,
todo lo que digo -y no digo-
saldrá a tu seco acecho.
Es esto de tenerte, no teniendo,
lo que termina por llevarse
a ningún lado aquello
que no ha estado viniendo.

Este morir cotidiano,
este no saber diario es una vida y un todo,
es un dios sin diablo.
Yo solo rimo lo que me dices,
pétalos caídos de tus labios,
ojos de luna, callados
y los tus rizos de fuego en llano.

Yo solo rimo lo que callas
y tambièn, sin la boca, callo.

Sumergida, adormecida
como una pierna o una mano,
cansada y diluída,
dilatada amargura
de tus labios, gritas
como callada, cómo
callas, pareces a veces
un río de agua envenedada.

Me miras, como muerta
y acompasada, què
olvido tan frágil
tienes en los pechos
y en los labios.
De qué costilla me sacaste
corazón, piedra, trozo
de pan, alma, amarga.

De qué cuello me colgaste
o de cuál de mis venas
no te derramaste.
Eva sola, pareces
un hueco, una costra
de soledad, eres ahora
vacío, vacío de mis manos.
Voy a subirte una última vez
y a enterrarte en el punto
más alto de mi caída.