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Tag Archives: Poem

Propongo que nos odiemos.

Que nos aborrezcamos y,

por un tiempo nos olvidemos,

nos borremos, nos matemos.
Que aprendamos el silencio,

porque la sangre grita más fuerte

que un incendio,

y el corazón calla cuando el cuerpo

desata su propio infierno.
Propongo también que esperemos.

La paciencia es cara y escasa en estos tiempos,

y la necesidad primitiva aumenta,

y nos consume a destiempo.
Estoy cansado de querer quererte

como si no estuviera queriendo.

Esto que digo, y escribo,

ni yo mismo lo entiendo,

y me pregunto todos los dias si sigo cuerdo.
Aquí, en este renglón, me detengo.

Hago una pausa y junto mi odio,

mi rabia y mi descontento,

y como un bocado, te lo ofrezco,

porque prefiero odiarte ahora,

(No sé mañana)

y saber quererte, cuando este fin 

llegue a su comienzo.

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Bajo las capas de la ciudad

está la madrugada. Dulce, tierna, recién empezada.

En mi piel y en tu lengua, la sal de todas aguas evaporadas,

las olas obscuras de sangres y médulas condensadas.

Estoy en tu humedad, en tu lluvia seca, apaciguada,

y entre todos rus rostros distintos,siempre la misma mirada.

Estoy aquí para saber a donde iba, para buscarme entre mi necesidad agotada.

Quiero lo que de mi tienes, y celosamente guardas: El latido, la espera, la desesperanza.

Quiero de ti, lo que no tengo, lo que a toda luz regalas,

lo que tus manos decían cuando dulcemente callabas,

y la coincidencia sutil de tus pasos con mi espalda.

Como la muerte, la verdad y la vida caen del cielo a tu morada,

y a esta hora te pienso y te miro siempre, sin mirar nada.

La sangre es la que habla
cuando la ráfaga de ira
nos cose las palabras.
La sangre es la que amargamente atrae, y amarra,
es la que seduce al tiempo
y la que da a luz esperanzas.
La sangre del padre,
sobre el hijo derramada,
la de la madre, sobre la hija,
gitana y desencantada.
La de Dios sobre las frentes
de las mujeres abandonadas,
la del Diablo sobre las calles,
flotando entre madrugadas.
La sangre, voz, hilo perpetuo,
milagro de brujas preñadas,
cúmulo de luz rojiza
entre tanta penumbra innecesaria.
Sangre de mi sangre, eres, soy,
No somos nada.

Si fuera escritor, no escribiría.
Tendría un nombre dulce,
un apellido esdrújulo,
o sería delgado y alineado.
Si fuera escritor conocería
de memoria a mis colegas,
a mis maestros e influencias,
me codearía con los hombres
y las mujeres importantes.
Caminaría erguido,
sabría levantar una copa,
atendería eventos de índole,
o sería la imagen de la gaceta
del humilde estudiante.
Si fuera escritor sabría,
que no basta fumar
en lo obscuro, llorar internamente,
desangrarse silenciosamente,
andar sin piel, para que las cosas
penetren en uno.
Sabría también de métrica,
de sonetos, de versos,
y de cuartillas, y de esas reglas
que las casas magnas
dictan para escribir.
Por eso, nulo y escaso
de palabras y de ideas,
de sentido, de corazón,
y de fe, ando por el mundo,
divirtiéndome diciendo
estas tonterías.
Si fuera escritor,
este poema-que no es poema-
no hubiera quedado incompleto.

Te quiero con las manos
y con esto que escribo ahora,
insulso, inútil, inocuo.
Te quiero para no quererte
en días, en horas que parezcan
fantasmas despiertos.
Te quiero alegóricamente,
pero sin cortejos.
Cuando las calles se llenen
y los curiosos saquen
sus ojos como lenguas,
nos verán entonces entregados
desconocidamente,
en sombras pasaderas.
Niégame el beso que me das
cuando no te das cuenta,
abre tu cuerpo a mi mano,
a mi boca, como lo haces
cuando despiertas.
Escóndete en mi,
para que todos te vean
y me dejes mentirles
con palabras ciertas.
Vamos a querernos toda la vida,
que para eso, aún nos queda

Como tu boca, seca, casi muerta.
Dios te dio el cuerpo del deleite
para que te extrañara el tiempo,
para crecieras como una flor ebria
en las cuencas de mis ojos.
Has cambiado al amor:
Es más inútil, más preciso,
más necesario. Y no me doy
cuenta de las cuentas en el
rosario de tu espalda, cuando
me entrego suavemente al hambre
y a la necesidad de la soledad.
Comenzaste a dolerme cuando
más lo necesitaba, y como
una plegaria, le prendo fuego
al insomnio, para que las ánimas
bailen en círculos, vertiginosas.
Venga tu espíritu animal
a abrirme el pecho:
He perdido la fe.