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Tag Archives: España

Si fuera escritor, no escribiría.
Tendría un nombre dulce,
un apellido esdrújulo,
o sería delgado y alineado.
Si fuera escritor conocería
de memoria a mis colegas,
a mis maestros e influencias,
me codearía con los hombres
y las mujeres importantes.
Caminaría erguido,
sabría levantar una copa,
atendería eventos de índole,
o sería la imagen de la gaceta
del humilde estudiante.
Si fuera escritor sabría,
que no basta fumar
en lo obscuro, llorar internamente,
desangrarse silenciosamente,
andar sin piel, para que las cosas
penetren en uno.
Sabría también de métrica,
de sonetos, de versos,
y de cuartillas, y de esas reglas
que las casas magnas
dictan para escribir.
Por eso, nulo y escaso
de palabras y de ideas,
de sentido, de corazón,
y de fe, ando por el mundo,
divirtiéndome diciendo
estas tonterías.
Si fuera escritor,
este poema-que no es poema-
no hubiera quedado incompleto.

Escribo ahora.
Río de palabras,
juego de manos,
danza de sombras.
Escribo sobre un jardin
que me da sus rosas.
Canciones solas,
olas de humo,
llevo mis manos
a sostener el mundo.
Escribo con la lengua del perro,
del piso, del tiempo.
Escribo sin decir una sola cosa.
Escribo porque soy terco.
Ah! Cigarro de agua,
luna derretida en mi cama:
No se vayan nunca,
aquí no hacen falta.
-Dios sabe que miento,
por eso me dio un alma-
Andaré sediento,
porque hay agua en abundancia,
y ahora estoy entregado
a escribir, y a ser nada.
Simple vida, vieja y cansada,
toca el timbre entre tus piernas
y abre tu juventud amada.
Yo río porque soy un idiota,
y la sonrisa, nadie me la arrebata.
Yo vivo porque tengo tiempo
para no gastarlo en nada,
y moriré, en una hora,
o tal vez mañana,
como todas estas palabras.

Te quiero con las manos
y con esto que escribo ahora,
insulso, inútil, inocuo.
Te quiero para no quererte
en días, en horas que parezcan
fantasmas despiertos.
Te quiero alegóricamente,
pero sin cortejos.
Cuando las calles se llenen
y los curiosos saquen
sus ojos como lenguas,
nos verán entonces entregados
desconocidamente,
en sombras pasaderas.
Niégame el beso que me das
cuando no te das cuenta,
abre tu cuerpo a mi mano,
a mi boca, como lo haces
cuando despiertas.
Escóndete en mi,
para que todos te vean
y me dejes mentirles
con palabras ciertas.
Vamos a querernos toda la vida,
que para eso, aún nos queda

Corazón de medianoche,
la enfermedad te preserva
y serás longevo como la piedra
más antigua sobre la tierra.
Fortuna tan inútil de tu espera.
Quiero decir que te vi como
si no te conociera,
como si de las últimas,
esta fuese por fin, la vez primera.
Quiero decir mil cosas de ti,
a quien no me las crea.
A mi mismo, de ti,
me creo imagen nueva,
que me vuelva el sueño
a los ojos, y a la espera,
para venderle a mi alma el Diablo,
para que Dios reze por mis penas,
y yo me sienta más tonto, y todo el mundo crezca.

De tus manos me quedan marcas
en todas las horas perpetuas
y en todos los cuerpos mi boca
dibuja tu silueta.

Hueco de mi costilla,
me dueles, me matas todos los días para verme nacer en mil letras.

La muerte sabe más blanda,
tabaco masticado y divino.
Dios puso tus manos debajo mío,
como un padre apenas reconocido.
Miércoles de ceniza, maldito.
Sobre tu frente y la mía, el signo,
sobre tu boca apenas dócil, el mito.
Tu nombre es como de un niño
y en estos días lo olvido para repetirlo.
Si vas a volver a morirte, muérete conmigo
y cuéntame de nuevo, enternecido,
todo lo que de ti no he aprendido.
Quise llorarte más, derramar mis
ojos sobre tu suelo tibio,
para que crecieras en el camino
y llevarte, a ningún lado, conmigo.
Quise ser como tu hijo,
obediente y redimido,
para colgarme a tu espalda
y me llevaras al olvido.
La muerte te hizo más joven,
viejo mío.

El fuego te cambia.
Se te refleja en los ojos
como lágrimas iluminadas,
y empieza a comerte desde adentro,
desde la madrugada.
Entra en tu boca y en tu cuerpo
como entró la juventud azotada
entre tus piernas de mujer dócil,
tibias, como el humo de la bocanada.
El fuego ha cambiado tu cara.
Un nido de cenizas crece en tus poros,
para parir mis plegarias derramadas.
Un nudo de llamas te azota el vientre,
te flagela como el pasado, tu espalda.
Habrás crecido en flamas, madura,
caída del arbol de la corazonada
más cierta y más anticipada.
Yo te estoy esperando, en mis pasos
de tierra y palabras,
para encontrarte otra vez, en todos
los desietrtos, flor quemada.

Y me quedé en silencio.
Después de haber oído voces en mi cuarto,
y de escupir al Diablo en mil gritos tercos,
por fin ha caído la calma del mejor momento.
Callado, cierro mis ojos y fumo del aire
que se acumula en mis horas de encierro.
Callado mi corazón que a veces ha gritado
con la sangre como un conocido secreto.
Todo aquí quietamente se mueve y cambia,
y espero paciente el final del tiempo,
espero a que el amor crezca de los muros
y se riegue en los rostros que siempre veo.
Ciega y silenciosamente Dios me manda,
poco a poco, sonriendo, al infierno.
Henos aquí, a mi y a mi sombra apagada,
besándonos la marca del cuello,
hasta que la luna venga y nos tienda en la cama,
y nos amortaje con su tacto tierno.
Hoy voy a creer en todo lo que me digan,
aunque sé, que nada de eso es cierto.