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Category Archives: FROM THE INSIDE

​Podría quererte más, si me dolieras menos.

Si me cayeras sobre el pecho como ánima, como un fantasma somnoliento,

o como una gota de ácido sobre mis huesos.
Podría odiarte tanto como no te quiero,

pero eres dulce y suave, y tienes un cuerpo tierno,

y un sabor de frutos secos, y un olor a veneno.
Eres limpia y amorosa, como un corazón contento,

pero en horas oscuras, eres larga y fría,

como un siglo de invierno.

Yo sé por qué te odio,

pero aún no sé por qué te quiero.
Quizás esta locura que me envuelve

me está haciendo más viejo,

o quizás solo busco cómo matar el tiempo.

Propongo que nos odiemos.

Que nos aborrezcamos y,

por un tiempo nos olvidemos,

nos borremos, nos matemos.
Que aprendamos el silencio,

porque la sangre grita más fuerte

que un incendio,

y el corazón calla cuando el cuerpo

desata su propio infierno.
Propongo también que esperemos.

La paciencia es cara y escasa en estos tiempos,

y la necesidad primitiva aumenta,

y nos consume a destiempo.
Estoy cansado de querer quererte

como si no estuviera queriendo.

Esto que digo, y escribo,

ni yo mismo lo entiendo,

y me pregunto todos los dias si sigo cuerdo.
Aquí, en este renglón, me detengo.

Hago una pausa y junto mi odio,

mi rabia y mi descontento,

y como un bocado, te lo ofrezco,

porque prefiero odiarte ahora,

(No sé mañana)

y saber quererte, cuando este fin 

llegue a su comienzo.

Como la carne, como la piedra,

la piel es la puerta

la entrada al secreto, al misterio

de luces entreabiertas.
Ayer caminé sobre bestias,

en su cementerio oculto

entre humo y niebla.

Ayer fui otra vez, a la vez,

la felicidad y la quimera.
Hoy deslizo mis dedos sobre letras,

enfermando mi pecho,

para aliviar mi cabeza.

Hoy tengo náuseas e insomnio,

y lunas llenas de poemas

(Y esto? Un malestar sin receta)

Hoy tengo qué decir la historia larga,

pero incompleta.

Bajo las capas de la ciudad

está la madrugada. Dulce, tierna, recién empezada.

En mi piel y en tu lengua, la sal de todas aguas evaporadas,

las olas obscuras de sangres y médulas condensadas.

Estoy en tu humedad, en tu lluvia seca, apaciguada,

y entre todos rus rostros distintos,siempre la misma mirada.

Estoy aquí para saber a donde iba, para buscarme entre mi necesidad agotada.

Quiero lo que de mi tienes, y celosamente guardas: El latido, la espera, la desesperanza.

Quiero de ti, lo que no tengo, lo que a toda luz regalas,

lo que tus manos decían cuando dulcemente callabas,

y la coincidencia sutil de tus pasos con mi espalda.

Como la muerte, la verdad y la vida caen del cielo a tu morada,

y a esta hora te pienso y te miro siempre, sin mirar nada.

Fumo desde la ventana

de la ciudad más sola del mundo,

bajo el cielo de oleajes cenizos

y destinos profundos.

Fumo desde el último sitio

de la últine noche, del último humo,

donde los muertos deambulan

a plena luz del insomnio pulcro,

y yo los sigo, y los observo,

y me vuelvo como ellos, uno, 

por las calles anchas y derramadas

donde brota en llantos y gritos

la sangre de la madrugada.

Esta ciudad esta marcada.

Flotan las cenizas de mi cigarro

como aves tiernas y encantadas 

y caerán;  tarde, temprano, mañana.

Ah! Ciudad de las putas, de los diablos,

de los niños y viejos fantasmas,

me iré sin haberte penetrado,

sin haberte dejado mi marca,

pero aquí, cada paso que doy

es un paso más a casa,

cada vuelta en cada calle,

cada mirada desgarrada,

es un eco sordo de juventudes

descarriadas.

Hoy fumo desde tu única ventana, 

y dormiré dentro de ti,

pero no sé mañana.

Esta es la hora en la

que todo se despedaza,

en la que la sangre se revuelve,

y se enciende, y se alza.

Esta es la hora en la 

que busco mi cara

entre otras tantas;

la misma hora del corazón hueco

y de las inútiles andanzas.

Pedazo de Luna, grano del agua,

yo quiero ir y yacer dentro de ti,

hasta que nazca.

Yo quiero ser gota del humo

y animal desde las entrañas.

Yo quiero ser todo lo que

no puedo ser, 

cuando la vida me alcanza.

Esta hora, esta niebla quieta y mansa,

baja y bebe toda luz y toda calma,

y las paredes, y mis ojos,

no son más que fantasmas.

Dios me marcó la frente

con la punta de su lanza

y me bautiza en fuego,

y me abate, y me descansa.

Que se caiga el mundo.

Que a Dios se le resbale de las manos

y se quebre, y sus pedazos se rieguen

en mi insomnio.

Aqui pasa el aire, y nada.

El sueño es un laberinto,

un ir a ninguna parte,

un venir eterno de todos lados.

El sueño, y los sueños; son cosa aparte,

el amor y el olvido, son juegos,

son niños que nacen a cada instante.

La sangre es la que habla
cuando la ráfaga de ira
nos cose las palabras.
La sangre es la que amargamente atrae, y amarra,
es la que seduce al tiempo
y la que da a luz esperanzas.
La sangre del padre,
sobre el hijo derramada,
la de la madre, sobre la hija,
gitana y desencantada.
La de Dios sobre las frentes
de las mujeres abandonadas,
la del Diablo sobre las calles,
flotando entre madrugadas.
La sangre, voz, hilo perpetuo,
milagro de brujas preñadas,
cúmulo de luz rojiza
entre tanta penumbra innecesaria.
Sangre de mi sangre, eres, soy,
No somos nada.

Si fuera escritor, no escribiría.
Tendría un nombre dulce,
un apellido esdrújulo,
o sería delgado y alineado.
Si fuera escritor conocería
de memoria a mis colegas,
a mis maestros e influencias,
me codearía con los hombres
y las mujeres importantes.
Caminaría erguido,
sabría levantar una copa,
atendería eventos de índole,
o sería la imagen de la gaceta
del humilde estudiante.
Si fuera escritor sabría,
que no basta fumar
en lo obscuro, llorar internamente,
desangrarse silenciosamente,
andar sin piel, para que las cosas
penetren en uno.
Sabría también de métrica,
de sonetos, de versos,
y de cuartillas, y de esas reglas
que las casas magnas
dictan para escribir.
Por eso, nulo y escaso
de palabras y de ideas,
de sentido, de corazón,
y de fe, ando por el mundo,
divirtiéndome diciendo
estas tonterías.
Si fuera escritor,
este poema-que no es poema-
no hubiera quedado incompleto.

Escribo ahora.
Río de palabras,
juego de manos,
danza de sombras.
Escribo sobre un jardin
que me da sus rosas.
Canciones solas,
olas de humo,
llevo mis manos
a sostener el mundo.
Escribo con la lengua del perro,
del piso, del tiempo.
Escribo sin decir una sola cosa.
Escribo porque soy terco.
Ah! Cigarro de agua,
luna derretida en mi cama:
No se vayan nunca,
aquí no hacen falta.
-Dios sabe que miento,
por eso me dio un alma-
Andaré sediento,
porque hay agua en abundancia,
y ahora estoy entregado
a escribir, y a ser nada.
Simple vida, vieja y cansada,
toca el timbre entre tus piernas
y abre tu juventud amada.
Yo río porque soy un idiota,
y la sonrisa, nadie me la arrebata.
Yo vivo porque tengo tiempo
para no gastarlo en nada,
y moriré, en una hora,
o tal vez mañana,
como todas estas palabras.