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Fumo desde la ventana

de la ciudad más sola del mundo,

bajo el cielo de oleajes cenizos

y destinos profundos.

Fumo desde el último sitio

de la últine noche, del último humo,

donde los muertos deambulan

a plena luz del insomnio pulcro,

y yo los sigo, y los observo,

y me vuelvo como ellos, uno, 

por las calles anchas y derramadas

donde brota en llantos y gritos

la sangre de la madrugada.

Esta ciudad esta marcada.

Flotan las cenizas de mi cigarro

como aves tiernas y encantadas 

y caerán;  tarde, temprano, mañana.

Ah! Ciudad de las putas, de los diablos,

de los niños y viejos fantasmas,

me iré sin haberte penetrado,

sin haberte dejado mi marca,

pero aquí, cada paso que doy

es un paso más a casa,

cada vuelta en cada calle,

cada mirada desgarrada,

es un eco sordo de juventudes

descarriadas.

Hoy fumo desde tu única ventana, 

y dormiré dentro de ti,

pero no sé mañana.

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