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Monthly Archives: February 2015

El poeta puede vivir del amor,
del odio, del encanto.
Escribe y tiende su soledad como
una mano al necesitado.
El poeta es loco y desenfadado,
como un niño que guarda el tesoro
que aún no ha encontrado,
y es celoso de los viejos,
amante desesperado,
es un hijo con padres,
como miembros amputados,
y con el cigarro quemándole más
que el beso no robado.
El poeta parece ciego,
pero sólo es un hipocondriaco.
Está desnudo del corazón,
y pobre de la cabeza hacia abajo,
pero tiene todo lo que todo el mundo
siempre ha deseado:
La certeza de dejarse a sí mismo
al azar, al placer y al encanto.
Yo te veo, poeta; y creo que
nunca has cambiado.

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Como tu boca, seca, casi muerta.
Dios te dio el cuerpo del deleite
para que te extrañara el tiempo,
para crecieras como una flor ebria
en las cuencas de mis ojos.
Has cambiado al amor:
Es más inútil, más preciso,
más necesario. Y no me doy
cuenta de las cuentas en el
rosario de tu espalda, cuando
me entrego suavemente al hambre
y a la necesidad de la soledad.
Comenzaste a dolerme cuando
más lo necesitaba, y como
una plegaria, le prendo fuego
al insomnio, para que las ánimas
bailen en círculos, vertiginosas.
Venga tu espíritu animal
a abrirme el pecho:
He perdido la fe.