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Monthly Archives: May 2014

Estamos.
A la primera gota del día,
venimos a ver y a encontrarnos,
después del embriagante parpadeo,
venimos a la resaca de la luz
que parece recién parida.

Hombre y su sombra, somos,
carga en los hombros
y dolor en las costillas.
Hombre y su pluma, dicen:
Amantes perpetuos que se
buscan a escondidas.

Yo río. Tú navegas.
Yo rimo. Tú doblegas.
Yo pienso. Tú veneras.

Es cierto el don de la miseria.
Esto de andar escribiendo del amor,
es el último recurso
de todo fácil poeta.
Yo supe y sé lo que es
morirse de letras,
sé de las cenizas que dejan
las mismas palabras
en diferentes libretas.
Y todo fluye, y todo camina
como uno, con su cadáver a cuestas.

Que Dios te de más manos en la lengua!

Debí haberme quedado solo un rato:
Una o dos vidas -no soy gato-.
Debí haberme podrido en el hambre
y la desesperación,
en el olor a tierra hundida,
y en el silencio del calor.
Tuve quizás que habeme
ido un tiempo a morir
para regresar a mis manos
el salvador hábito de escribir.

Te vi queriéndome sin querer,
silenciosa y repartida
en múltiples fantasmas.
Algo nos hace falta, para, alejarnos:
atarnos en besos y dejarnos ahí tirados,
sin desconocernos, pero sin recordarnos.

Algo tan sencillo como la muerte
por nuestras manos,
algo para olvidar que nos extrañamos,
para ir y venir en bocas
y de bocas macerarnos,
y para siempre, siempre vacíos, llenarnos.

No me quieras ahora,
no empieces a llorarnos.
Algún día tendras tiempo
de desenterrarnos.

 

No tendré qué darte.
Me quemé el último recurso,
me gaste la última moneda
en una bocanada de humo.

No tendré qué darte ahora
y mañana cansarás tus manos
con el hambre de la semana
y tus dolores antaños.

No tendré qué darte hoy
para que me creas un poco,
para que sepas o recuerdes
que te llevo de algún modo.

Quizás sólo sea un ingrato,
sólo un pedazo que vas olvidando,
un aprendiz de hijo. un estúpido
y joven veterano.

Quizás sólo me queden
por ahí tirados, centavos
para ir a comprarte algo
y entiendas, madre, que te amo,
de alguna manera, en algún rato..

No podré escribirte mientras escriba.
Ya no te tengo al alcance de mis ojos,
ni a la amenaza de mis manos,
solo tengo el papel, como tu cuerpo:
en blanco.

No puedo matarte mil veces
ni renacerte otras cuatro,
-quiero hacerte todos los poemas del mundo,
pero no puedo andármelos robando-
es mejor guardarte en un paréntesis,
para que envejezcas un rato.

Del hombre al perro
he dado un paso, uno más.
Qué quietud inmensa la del sereno!
La noche, el pasto y mi nariz fría
y humedecida, entregada al sueño.

Del hombre, a mi cama, al pozo y al recuerdo:
A todo me he ido atreviendo.

Hablemos. Habla.
No mueras en mi silencio,
ni te entierres, callada.
Yo no espero, de ti, nada.
– Ayer, sin embargo, estabas
sin que yo lo vaticinara –
Este andar sin pasos,
sin piel, sin manos, muerte
de tantos días, esta suerte
de seguirnos a pedazos
y de caernos en los días.
Del amor ya no creo, no quiero
un puño de flores prometidas.

Sobrio. Con una sobriedad enferma,
una resequedad ardiente
por toda la hoja, con un deseo
sangrante y nada.

Vuela el viento,
el día de los perdidos,
la época de los caminos.
Todo mi cuerpo cambia
y yo sigo aquí, dormido.
Hace falta.

Hace falta que algo me falte
y que me perdure su ausencia
hasta que la sangre,
la marea y la carne
me punzen en el fondo de la piel.

Algo tengo que hacer
con todo lo que no me sobra.

Todo está en la boca.
Ahí empieza y acaba la bestia
que a sí misma se traga.
Todo está en el húmedo sopor
de los labios enardecidos.

Veo crecer tus ojos mirándolos,
los miro, fijamente, fijos,
desde la obscura ola densa de mi almohada,
También me haces falta.

Yo estoy solo, preguntándome
a dónde no te fuiste,
a dónde no me llevaste de tu espalda.
Yo también hago falta.