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Monthly Archives: March 2014

En el aire del domingo
te lleve puesta en la sonrisa.
Hacia tiempo que no era tiempo,
hacian vidas que no eran vidas.

La gente mira al cielo,
a las aguas sin fuente
y yo llevo mi corazon
adornado para la procesion
de su silencio.
No te acabes, no empieces.
Esperame otra vez
perdida en el sitio,
en la pesadilla recurrente.

Ahora la noche me tiene
de tu voz a expensas.
Bendita la espera incierta!
Algo tienes, algo sabes.
Algo he de encontrarte
la proxima vez
que no te vea.

No verte ahora
es como verte de nuevo.
Tus ojos dispersos como hojas sin viento.
Y todo -nada- de lo que haga
es igual -peor- a lo que he hecho.

Y si pudiera partir en dos
o en más pedazos mi pecho,
todo lo que digo -y no digo-
saldrá a tu seco acecho.
Es esto de tenerte, no teniendo,
lo que termina por llevarse
a ningún lado aquello
que no ha estado viniendo.

Este morir cotidiano,
este no saber diario es una vida y un todo,
es un dios sin diablo.
Yo solo rimo lo que me dices,
pétalos caídos de tus labios,
ojos de luna, callados
y los tus rizos de fuego en llano.

Yo solo rimo lo que callas
y tambièn, sin la boca, callo.

No tengo ganas de 
ir por mis hojas en blanco
como un delincuente,
como sin zapatos.
Tampoco tengo ganas de que
me expliquen la métrica,
los tiempos, los arreglos.
No me diga, nadie, que
lo que escribo no sirve, que es mejor callarse,
quitarse del medio, adulterarse.
Hoy sólo quiero ser como mi perro,
que le ladra a la puerta sin que nadie pase.

Silencio, duerme el sueño.
Entre la gente, como yo,
duerme todo el odio quieto.

Sólo un cuerpo, en el agua,
un grano de sal, desierto.
De cierto tiene la lengua, esto.
Yo ya no escribo -Silencio!-
callo y me quedo tontamente ciego.
Yo quiero ser como el hombre
que entra a todo abierto -lo dijo antes, es cierto.-

Piedad a quien paz merece
y paz a quien de si mismo está enfermo.
Yo no soy poeta, ni loco,
ni escritor, ni filósofo, ni muerto.
Yo soy, como he sido:
Un niño jugando a ser el alma
de algún inútil cuerpo.

No me digas que me quieres.
Déjame adivinártelo, sacártelo
de tus dientes, o los labios,
o con mis dedos rozando tu vientre azucarado.
Quiero averiguarte, encontrarme o inventarme
entre tus pliegues y luego
más adentro, en la sangre, en ese
hueso mío que apenas creces.
No me digas, no me mates ahora
con el impaciente llamado,
no me ves, acaso, aquí tirado
a tus pies, postrado?
Yo ya no sé. No quiero, necesitado
el hombro de tu cabeza
y mi mano de tu letargo.
Yo voy contigo a donde no vas,
yo voy, vengo, y de tu boca, hablo.

Esta noche eres fácil,
me recostaré sobre tu pecho a
escuchar la sangre que te vibra,
ojos de serpiente, gato pardo de día.

Piedra de sal, piedra de toque,
hueles a muerte recién nacida.
Tu rizos oxidados a la luz del día
anidan mis manos. Eres fácil y mía.

De tu nombre me hice un secreto
que me cuelga del cuello terco:
Te quiero, porque no te quiero.

Tu estás ahí: macerada como una hierba
y yo de lejos , pero de cerca.
Qué tono puro y sutil de tu piel clara:
Sólo una gota, residuo de antigua piedra.
Quiero ser el cordero que a la luna ofrezcas.

Dame tu vientre, tu fosa húmeda y eterna,
dame de tus ojos la luz que te arde,
dame de mi, mujer de mil edades: Madre.

Que el humo de mi lengua calme
y corte de tajo el aire.
Yo te tengo entre los labios para
sin decir, hablarte.
Te tengo en mis tintas, para 
escribirte: Hoy no es tarde.

Respira de la mañana, el sol cae
sobre la violeta cascada de tu espalda.
Paz para el alma, siempre el filo de tu espada.