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Te tragó la tierra infertil,

te llevaste mis lágrimas contigo y te quedaste mudo,

aunque tu último grito hizo eco

en las paredes del pasado,

lo suficiente para que tu única flor te robara una última sonrisa.

 

Nos arrancaste un suspiro y nos regalaste el insomnio,

nos regalaste la vida.

Hoy llueve sobre la tierra,

sobre el árido suelo de tu destino,

y más abajo el cemento,el metal y Tú.

Llueve sobre tu séquito,sobre tu sangre.

Llueve sobre tu leyenda.

 

Cayó el roble y el estruendo sacudió al mundo.

Saquemos entonces el luto,

que no venga el sol,que llueva todos los días.

Deja que venga la luna y te unja,

que no canten las aves y que los motores callen.

Haremos silencio para que nos oigas mejor,

que se sirva el vino y se avive el fuego.

Miremos a nuestro alrededor para encontrar nuestro rostro,

aprendamos lo improbable y asimilemos lo imposible.

 

Estás aquí.

Está tu carne y tu sangre,

dejaste la puerta abierta y los ojos cerrados,

pasaremos a verte como eres y sólo esperaremos.

No hay que llorar,guardaremos lágrimas para el resto de la vida,

voluntad para nuestros actos y sabiduría para nuestra muerte.

Que sean nuestros nombres tu epitafio

y nuestros recuerdos tu mausoleo.

 

Cayó el roble,

veamos el cielo.

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